EL SACRIFICIO EN NUESTRA RELIGIÓN...

Según cuenta la tradición, hallada en la memoria de un Babalawo yoruba, en una ocasión el rey de Benín fue a consultarse con sus adivinos y estos le dijeron que debía ofrecer algún sacrificio a los orisa y/o a los ancestros pues, de lo contrario, su hija, Poroye, "perdería su camino". En aquel momento el rey se negó rotundamente a llevar a cabo el sacrificio porque pensó que era imposible que su hija pudiera perderse. En ese tiempo la madre de Orunmilaera dueña de una antílope, llamada Siere, quien era la que se encargaba de hacerle las marcas faciales a los hijos de Orunmila, es decir, a los iniciados que conocían el secreto ancestral de la adivinación.

A causa del exceso de trabajo, Siere se hartó y decidió escapar hacia el boque. Inmediatamente, al darse cuenta de lo sucedido, Orunmila se dio a la tarea de atraparla, lo que le tomaría dieciséis días. Siere corrió por la sabana huyendo y Orunmila la persiguió. Sierre corrió hasta adentrarse en el bosque de Alabe, hasta que cayó en un pozo y Orunmila, al tratar de atraparla, cayó también siéndoles imposible salir de allí.  Después de siete días de estar atrapados, Orunmila escuchó la voz de una mujer que iba cantando. Esa mujer era Poroye, quien andaba perdida en el espeso bosque hacía algunos días. Al pasar cerca del pozo, Poroye se dio cuenta de que allí estaban Orunmila y Siere sin poder salir. Orunmila le rogó a Poroye que lo sacara del pozo y que a cambio él le daría lo que ella deseara. La joven aceptó el trato y los sacó del pozo. Una vez afuera, Orunmila agradeció profundamente el gesto de Poroye y le dijo que le pidiera lo que ella quisiera. Ella, siguiendo su más genuino deseo, le dijo a Orunmila que quería tener un hijo. Él accedió a tener relaciones sexuales con Poroye. Sin embargo, Orunmila le advirtió a la joven que, debido a que sus tres esposas no debían enterarse de lo sucedido, ella no podría vivir con él. Finalmente ella estuvo de acuerdo y con el tiempo nació una niña que fue llamada Olomo.

 

Pasaron algunos años y un día Orunmila le pidió a sus sirvientes que le trajeran una esclava ya que él debía llevar a cabo un sacrificio en honor al ancestro que lo protegía. Sus sirvientes obedecieron su orden y le trajeron la esclava que Orunmila necesitaba. Esa esclava era la misma Olomo. Debido a que Orunmila nunca la había visto, evidentemente no la reconoció, y le dijo que su sacrificio se llevaría a cabo en tres días y, mientras tanto, ella debía realizar algunas labores para que el rito venidero resultara exitoso.

Mientras Olomo realizaba dichas labores comenzó a entonar una canción cuya letra decía: "Yo soy hija de Poroye, si hubiera tenido padre ellos no me hubieran atrapado para sacrificarme." En ese momento, las tres esposas de Orunmila, a saber, Odu, Osu y Osun, le avisaron a éste que la esclava estaba cantando estribillos extraños. Orunmila llegó de inmediato y, al escuchar el estribillo, le preguntó a la esclava que cómo sabía la historia de Poroye, la cual era tema de su canción. Olomo le contó que su madre, llamada Poroye, ayudó a salir un hombre que estaba atrapado en un pozo y éste en recompensa había tenido relaciones sexuales con ella con el fin de brindarle un hijo que no era sino ella misma. Orunmila comprendió que a quien él iba a sacrificar era a su propia hija. En ese momento las tres esposas de Orunmila le reclamaron por todo lo acontecido. Él justificó ante éstas la relación que había tenido con Poroye diciéndoles que aquella mujer le había salvado la vida y, en recompensa, el accedió a su petición de brindarle un hijo. Finalmente Olomo fue liberada y su sacrificio fue sustituido, por órdenes de Orunmila, por el de una cabra. Desde entonces el sacrificio humano ya no tendría lugar jamás. A partir de ese momento, sería el sacrificio de animales lo que caracterizaría todos los ritos sacrificiales hasta nuestros días.

Indudablemente de este patakí -narración mitológica concerniente a los orisa y ancestros que tiene como propósito principal marcar un precedente moral, ético y ritual- podrían extraerse una cantidad considerable de aspectos histórico-culturales, los cuales, analizados en su contexto, son fundamentales para la comprensión del pensamiento religioso yoruba y, por consiguiente, santero. Sin embargo, ante su evidente polisemia, nos vemos obligados a resaltar dos aspectos que resultan ser necesarios para esta exposición, a saber, el hecho de que el sacrificio de Olomo fue sustituido por el de una cabra, siendo esto la marca de una transición ritual en la cual el animal se convertiría en el nuevo eje de los ritos sacrificiales. Por otro lado, el hecho que este sacrificio estuviese destinado al ancestro protector de Orunmila, lo cual introduce una legitimación yoruba de los rituales santeros que refieren al sacrificio de animales. Pero, ¿por qué interesa traer a colación este tema?

Interesa inmensamente porque en repetidas ocasiones me he topado con ciertas opiniones expresadas tanto por no-iniciados (aleyos) como por iniciados en la Santería, en las que el sacrificio de animales se legitima con base en otras prácticas religiosas, a saber, las halladas en el Viejo Testamento. El Cristianismo (católico), que fue traído a América hace más de 500 años e impuesto a la brava como religión oficial, goza, desde aquel entonces, de una posición privilegiada, a decir de la propia iglesia, la cual lo coloca como el gran modelo religioso universal. Sin embargo, antes de tratar de descalabrar esa arrogancia terrible, muchos santeros(as) y babalawos creen que si la Santería, desde su posición proscrita por la misma iglesia, logra justificar sus rituales con base en rituales similares encontrados en pasajes de la Biblia, entonces estos rituales santeros encontrarán una legitimidad innegable porque, como dijo un santero que escuché una vez: "si hasta ellos lo hacen debe ser algo normal, ¿no?"
No empecé a la innumerable cantidad de acusaciones que a la Santería le han hecho tildándola de satanismo etc., el sacrificio de animales en dicha religión posee justificaciones propias que indudablemente nada tienen que ver con estas acusaciones sino con la tradición religiosa de la cual es heredera, a saber, la yoruba.
Con el propósito de establecer la diferencia existente entre el sentido de sacrificio hallado en el Viejo Testamento y en las prácticas santeras, debemos echar un vistazo rápido al libro de Levítico, ya que éste ha sido utilizado en ciertas ocasiones por iniciados en la Santería para justificar los ritos sacrificiales de esta religión.
En el libro de Levítico, específicamente desde el versículo 1 hasta el 7, se nos relata la historia de cómo un día Yavé llamó a Moisés y le ordenó que le sirviera de mensajero ante los hijos de Israel instruyéndoles detalladamente el método para llevar a cabo los sacrificios propiciatorios en su nombre. De igual forma, Yavé le dijo a Moisés que estos sacrificios, siempre y cuando se hicieran según las disposiciones prescritas, serían bien recibidos por él y, a cambio, los pecados de la persona que ofreciese dicho sacrificio serían perdonados.
Evidentemente, y a diferencia de la tradición yoruba, en este pasaje del Viejo Testamento el sacrificio y el modo en que éste debe llevarse a cabo, ambos, están dados por Dios a los hombres a través de la revelación a Moisés y, en segundo lugar, el propósito principal del sacrificio, según se presenta en dicho pasaje del libro de Levítico, es lograr el perdón de los pecados. Sin embargo, contrario a esto, el sacrificio de animales en la Santería está determinado, en primera instancia, por el rito de la adivinación, lo cual evidencia la existencia de una característica fundamental entre muchas religiones endógenas de África, a saber, la ausencia de una revalación divina y, por el contrario, la persistencia de conocimientos ancestrales que han sido transmitidos a los hombres y mujeres desde los primeros tiempos, aquellos, según los yoruba, en los que la humanidad y los orisa convivían en este planeta. En este sentido, jamás algún animal se sacrifica caprichosamente. Cada sacrificio responde a la solicitud, a través de los métodos de adivinación, de algún orisa o ancestro que requiere de uno o varios animales para poder resolver la situación que la persona consultada quiera solucionar.

Generalmente los orisa y ancestros solicitan que les sea ofrecido uno o varios animales (especificando el tipo y el género) en el caso de que la vida o el bienestar de la persona consultada estén en juego. En este sentido, el sacrificio no es un instrumento mediante el cual se pretenda redimir pecado alguno ya que en la Santería no existe tal concepto. En la Santería ni el hombre ni la mujer son concebidos como depositarios a priori de cierta(s) culpa(s). El sacrificio, según la cosmovisión santera, es la vía mediante la cual puede ser restaurado un proceso que haya sido interrumpido. Cuando escribo proceso me refiero a un ritmo. Cada quien nace con un ritmo específico, un ritmo espiritual en la vida, que no debe ser interrumpido ya que si es asi, entonces la persona no podrá realizarse plenamente. Sin embargo, cuando este ritmo ha sido trastocado, por las razones que hayan sido, entonces se requiere del sacrificio de un animal para restaurarlo. La sangre del animal, ofrecida a algún orisa y/o ancestro, es capaz de restaurar dicho ritmo porque ella está ligada directamente a un ritmo en el cuerpo del animal. Se cree que el ritmo sanguíneo del animal es el que restablecerá el ritmo perdido de la persona. Entonces, el sacrificio es un ofrecimiento específico de energías, que al ser aceptadas por algún orisa y/o ancestro, éstos las devolverán del modo específico en que la persona las necesite. Retomando lo escrito arriba, la sangre del animal por sí sola no sería capaz de restablecer el ritmo perdido de la persona. Dicha sangre tiene que, por obligación, ser recibida por algun orisa y/o ancestro para que pueda surtir los efectos deseados. Es como decirle al orisa y/o ancestro: "le ofrezco el ritmo sanguíneo de este animal para que sepa que quiero que usted me restablezca el ritmo que yo he perdido".

Por otro lado, mediante el sacrificio de animales se busca limpiar a la persona en cuestión de todo tipo de calamidades o máculas espirituales. Un ejemplo claro de esto es el llamado cambio de vida, rito mediante el cual la enfermedad de una persona se tranfiere al cuerpo de un animal y éste es sacrificado. El animal o los animales que se utilicen en este ritual sacrificial, el del cambio de vida, cumple con una función muy clara y esta es la de fungir como víctima de recambio. Es decir, se mata al animal para no que no muera la persona enferma, por ejemplo.

Pero, no siempre se sacrifican los animales que funjan como víctimas de recambio. En ocasiones los orisa y/o ancestros, a través de la adivinación, requieren que la persona se limpie con cierto animal y una vez terminada la limpieza, la persona debe dejar libre al animal sin necesidad de inmolarlo. De igual forma, en ocasiones piden que la persona tenga cierto animal específico como su mascota en su casa. Dicho animal se convertirá en el guardiero de la persona y a su vez, se cree que en dicho animal habitará parte de la fuerza de vida (asé) de cierto orisa. Este animal al ser dedicado a cierto orisa se caracteriza por traer un collarín hecho ya sea con cuentas o con cintas de los colores emblemáticos del orisa concerniente. Si por ignorancia ritual algún iniciado vende, maltrata o sacrifica un animal guardiero, se cree que el orisa concerniente lo castigará trayéndole desfavorabilidad a su vida.

Luego de haber expuesto, a grandes rasgos, las razones que dotan de sentido al sacrificio de animales en la Santería, podemos concluir afirmando que este ritual posee justificaciones propias que distan de las encontradas en el Viejo Testamento, específicamente en el libro de Levítico. A no ser por el hecho de que lo que se sacrifica en el ritual funge como víctima de recambio, aspecto que encontramos también en el pasaje del libro de Levítico, no hay otra similitud que hayamos podido observar. De igual forma, resulta estéril justificar prácticas religiosas con base en otras que ya no tienen vigencia en el ritual cristiano (católico), y más aún, que son condenadas por la iglesia misma. Aunque la Santería posee prácticas tomadas del Cristianismo, las cuales fueron incorporadas, en principio, por razones de resistencia esclava durante la época colonial española en América, no por ello se debe concluir que cualquier tradición cristiana necesariamente justifica y le brinda legitimidad a las prácticas santeras.
Finalmente, la posibilidad del ejercicio comparativo entre religiones no debe ser anulado pero debe llevarse a cabo con base en criterios de paridad y no de subordinación.

SIGNIFICADO DEL SACRIFICIO DE ANIMALES

En la Religión Yoruba existen tres elementos de primer orden que integran el sacrificio: estos son las plantas, los animales y otros materiales que son usados por el hombre para lograr beneficios a través del agasajo a los poderes superiores divinos y la desviación de las fuerzas negativas que influyen sobre él.

Por todos es conocido que el hombre logra subsistir utilizando, básicamente, a los animales y a las plantas, toma de ellos su carne, pieles, corteza, raíces, tallos, hojas y frutos y se vale además de materiales diversos, obtenidos de su propia iniciativa o de la industria, como las telas para cubrir su cuerpo; sin embargo, el hombre yorubá emplea también todos estos elementos, que Olodumare le brinda, para ofrendar a las divinidades y alejar así, de su placentera estancia en la Tierra, todas las perspectivas de peligro que lo amenazan.

Para aquel que vino del Cielo a la Tierra con su ofrenda en las manos su camino no fue oscuro, para aquel que llegó a la Tierra con su ofrenda en las manos su caminar fue seguro.
En ese Ifá tomado del odu Ejiogbe, manifiesta cómo Esu lo ayudó a convertirse en el rey de los olodús gracias al sacrificio que este realizó por prescripción de la adivinación. El Ese del que hablamos nos cuenta que ya los dieciséis olodús en la Tierra, era hora ya de nombrar un jefe entre ellos. Ejiogbe no fue el primer olodú que vino a la Tierra, muchos otros llegaron primero.

Antes que él, Oyekún Meji, el rey de la noche, había reclamado la antigüedad, el grupo recurrió a Obatala, para que nombrara al rey de los olodús. Obatalá los invitó a todos y les dio una rata del bosque para que compartieran entre sí, Oyekun Meji cogió una pata, Iwori Meji cogió la segunda, Idí Meji la tercera y Obara Meji la cuarta, las demás partes fueron distribuidas en orden de antigüedad convencional. Ejiogbe por ser muy joven recibió la cabeza. ( En Cuba, por sustitución, se utiliza en los sacrificios a la jutia, una especie endémica).

En orden de secuencia Obatalá les dio posteriormente un pescado, una gallina, una paloma, una guinea y por último, un chivo, todos fueron compartidos de acuerdo con el orden establecido con la rata del bosque. En cada caso, Ejiogbe recibió la cabeza de todos los animales sacrificados.  Finalmente, Obatalá les dijo que regresaran después de tres días para comunicarles su decisión. Ejiogbe se consultó de regreso a su casa e Ifá le dijo que ofrendara un macho cabrío a Esu. Después de comerse su macho cabrío, Esu le dijo que en el día señalado él debía asar un ñame y echarlo en su bolso junto con un calabacín lleno de agua, Esu también le dijo que llegara tarde a la reunión de los olodús en el palacio de Obatalá. El día señalado, los olodús vinieron a buscarlo para ir a la reunión, pero él les dijo que asaba un ñame al fuego para comer antes de partir.

Al irse ellos, Ejiogbe sacó el ñame, lo peló y lo guardó en su bolso junto con el agua. Rumbo a la reunión se encontró con una anciana, exactamente, como le había pronosticado Esu y, en consecuencia con lo que le había aconsejado, liberó a la anciana de la carga de leña que llevaba, ya que estaba tan cansada que apenas podía caminar.
Después de agradecerle su ayuda, la anciana se quejó de sentir apetito, Ejiogbe sacó de inmediato el ñame de la bolsa y se lo brindó, después de comérselo, ella le pidió agua y él le dio la que tenía en el bolso. Cuando la anciana terminó, Eyjiogbe recogió la leña y emprendió el camino con ella a su lado sin saber que se trataba de la madre de Obatalá.

La anciana al verlo apurado, le preguntó hacia dónde iba con tanta prisa, y él le respondió que ya estaba retrasado para ir a la reunión en la que Obatalá iba a nombrar al rey de los olodús. Agregó que se había tomado su tiempo, no obstante, porque sabía que era demasiado joven para aspirar a ser rey de los dieciséis discípulos de Orúnmila.

Al responder, la mujer le aseguró que él sería declarado rey de los olodús. Cuando llegaron a la casa, la anciana le dijo que dejara la leña en el fondo. Fue entonces que Ejiogbe reconoció la casa de Obatalá y comprendió que la mujer que había ayudado era, nada más y nada menos, la propia madre de este. Con ello, exhaló un suspiro de alivio. La mujer le pidió que le siguiera al interior de la casa. Allí sacó dos pedazos de tela blanca y ató uno al hombro derecho y otro al hombro izquierdo de Ejiogbe.
Después le insertó una pluma roja de cotorra en la cabeza y le puso una tiza blanca en la mano derecha, acto seguido, le mostró las mil cuatrocientas sesenta piedras, dispuestas delante de la casa de Obatalá, y le dijo que se parara sobre la piedra blanca en el centro. Con sus nuevas prendas, Ejiogbe se paró sobre la piedra mientras los demás aguardaban en la antesala de Obatalá. Transcurrió un tiempo, cuando Obatalá le preguntó a los demás a quién esperaban y todos respondieron que esperaban a Ejiogbe, Obatalá les preguntó el nombre del hombre que se encontraba parado afuera. Ellos no reconocieron a Ejiogbe, Obatalá les dijo que fueran a rendirle tributo, uno tras otro, y a tocar el suelo con su cabeza a los pies de Ejiogbe. A partir de entonces, Obatalá proclamó oficialmente a Ejiogbe rey de los olodús de Orúnmila.

Casi al unísono, todos los demás olodús refunfuñaron disgustados y no ocultaron su descontento con el nombramiento de un olodú joven como el jefe de ellos, entonces Obatalá les preguntó cómo habían compartido los animales que les había dado durante los días del período de prueba. Ellos le explicaron y Obatalá les preguntó quién había recibido la cabeza de cada uno de los animales y confirmaron que en cada caso, se la habían dado a Ejiogbe. Obatalá les explicó que fueron ellos quienes nombraron de manera inconsciente rey a Ejiogbe, ya que cuando la cabeza está fuera del cuerpo el resto no tiene vida, dicho esto, se marcharon, pero al salir de la casa de Obatalá, todos decidieron mantener a Ejiogbe a una distancia prudencial, también decidieron no reconocerlo, ni servirle, ni visitarlo. Antes de dispersarse, Ejiogbe compuso un Ese especial para neutralizar todas las maquinaciones malévolas en contra suya; el Ese en cuestión es el siguiente:

Oya ni ki owo won yaa
Owuwu oni koo wo won deenu
Ikpe akiko kiiga akika deenu
Ikpe orire I gun orire deenu
Etuu kii olo tu won ni mo
Inu lo otin ire efo ebire waa

Con este Ese especial, Ejiogbe utilizó hojas apropiadas de Ifá.

Después de este incidente, los olodús le dijeron que para ellos aceptarlo como rey tendría que hacerles una fiesta con: doscientas güiras de puré de ñame, doscientas ollas de sopa preparadas con diferentes tipos de carnes, doscientos güiros de vino, doscientas cestas de semillas de cola...... Y le dieron siete días para organizar la fiesta.

A simple vista huelga decir que parecía una tarea imposible porque ellos sabían que Ejiogbe no tenía con qué costear una fiesta de tal magnitud. Este se sentó a lamentar su desgracia y la perspectiva de seguir siendo un pastor sin ovejas.

A la sazón, Esu vino a preguntarle el porqué de su melancolía, y Ejiogbe le explicó que no tenía dinero para costear la fastuosa fiesta que los olodús le habían pedido para subordinarse a él. Esu le respondió que el problema se podía resolver si le ofrendaba otro macho cabrío. Ejiogbe no perdió tiempo en hacerle la ofrenda a Esu, después de comerse el macho cabrío, Esu le dijo que preparara sólo un plato de cada alimento y que colocara en fila ciento noventa y nueve recipientes adicionales vacíos -uno para cada uno- en el cuarto donde se celebraría la fiesta el día señalado.

Eyjiogbe hizo lo que dijo Esu, mientras tanto, los olodús se burlaban de él porque sabían que no había forma de que Ejiogbe pudiera costear dicha fiesta. Al séptimo día, los olodús fueron uno por uno a visitarlo para preguntarle por la fiesta. Como no escucharon los ruidos del mortero desde la cocina pensaron que no había fiesta. Mientras, los recipientes vacíos se encontraban en fila, Esu fue al cuarto de la fiesta y le ordenó al único plato de cada alimento multiplicarse y llenar todos los recipientes vacíos. Instantáneamente todas las güiras, las ollas, las cestas ......., se llenaron de comida recién elaborada y la fiesta estuvo lista.

Cuando Oyekú Meji llegó a la fiesta, se asombró de ver todo lo que estaba listo. Sin esperar la invitación formal se sentó a comer. Los siguientes: Iwori Meji, Idí Meji, Obara Meji, Okonrón Meji, Irosun Meji, Owanrin Meji, Ogundá Meji, Osá Meji, Eturá Meji, Irete Meji, Eká Meji, Eturukpón Meji, Osé Meji y Ofún Meji, antes de darse cuenta de lo sucedido, habían comido y bebido a su antojo.

Después de la fiesta, todos cargaron a Ejiogbe y lo elevaron sobre sus cabezas mientras bailaban en una procesión y cantaban:

Agbee geege
Agbee Babáa
Agbee geege
Agbee Babáa.

Ningún problema en la vida puede resistir la eficiencia del sacrificio siempre que este sea hecho con prontitud, aquellos que se niegan o se retardan inicialmente a realizar los sacrificios deberán estar dispuestos a hacerlos dobles. Frecuentemente, existe la tendencia a pensar que el sacerdote de Ifá que recomienda el sacrificio con animales como la chiva, el carnero o el chivo, simplemente desea una excusa para tener carne que comer a expensas de la persona desposeída que va por ayuda. Cualquier sacerdote de Ifá que recomiende más sacrificios de los ordenados en la adivinación pagará por esto el décuplo. En igual medida Orunmila aconseja a los sacerdotes Ifá usar su propio dinero para sufragar los sacrificios de los que, demostradamente, son desvalidos y van por ayuda, estos sacerdotes serán recompensados diez veces por el gesto.

Existen dos sacrificios fundamentales que no deben ser demorados. Estos son los sacrificios a Esu y los sacrificios a Ogún. Igualmente importante es el sacrificio que Ifá prescribe en adivinación para nuestro ORI, a pesar de que este es un poco más olvidadizo y paciente, la ofrenda debe ser realizada sin demora.

Cuando la persona priva a ORI de los sacrificios indicados acrecienta la perspectiva de peligro, ya que ORI es el representante y abogado que nos defiende en la Divinosfera.  ORI no pide sacrificios a menos que tenga necesidad de utilizarlo con el objetivo de apaciguar a otras deidades a las que su pupilo no puede tener fácil acceso y obtener su apoyo en el logro de los diferentes objetivos de la vida de este. Aquellos que dejan de hacer semejantes sacrificios en el Cielo, son los que se encuentran con insalvables obstáculos en la vida. Los sacrificios que nosotros hacemos a través de nuestro ORI antes de partir del Cielo, se acercan a la semilla que sembramos, que al igual que el día sigue a la noche, produce el beneficio que más tarde cosechamos en el mundo. Es una parodia de la justicia divina. La pobreza no es sinónimo de virtud, porque a nadie que se le da la opción de escoger entre la abundancia y la penuria escogerá lo último.

La verdad simplemente es que nadie cosecha lo que no sembró. Nadie va a cobrar su paga donde no trabajó. Nadie va a cobrar dinero en un banco donde no tiene depósito o activo nominal. Nadie espera recibir dividendos de una compañía en la cual no tiene inversiones. Nadie espera recibir un certificado o un diploma de un curso de estudios, que no ha vencido exitosamente. De la misma manera, nadie puede esperar una buena vida en la Tierra si no sacrificó por ello antes de marchar del Cielo. Un punto significativo a tener presente es que nadie recuerda sus deseos en el Cielo al llegar a la Tierra. Esu usa los períodos de gestación e infancia para borrar todos los recuerdos de lo que fuimos en el Cielo y de lo que planeamos hacer en la Tierra, todo el mundo desea tener éxito en cualquier cosa que haga, pero su éxito depende, grandemente, de los sacrificios que llegue a realizar en su paso por la vida.  Si al llegar a la Tierra un individuo tiene la suerte de conocer a través del oráculo a su divinidad guía lo suficientemente pronto, se le proporciona su Ifá lo suficientemente temprano y realiza los sacrificios prescritos en su odu patrón, puede vivir una vida confortable; si por el contrario, la persona pierde su camino y decide, digamos una religión que lo mantendrá a distancia de su divinidad guía y no realiza los sacrificios pendientes, la persona se convertirá en victima de todas las dificultades creadas por los enemigos jurados.

Nadie viene al mundo con un destino estropeado. Es irreal imaginar que Olodumare discriminará en ordenar a algunos convertirse en exitosos y a otros convertirse en fracasados en la Tierra.  Existe un sacrificio para cada proceso de adivinación completo, aunque la predicción de Ifá sea buena o mala, el consultante debe siempre ofrecer sacrificio. Los yorubás creen que si la predicción de Ifá es buena, el sacrificio ayuda a que suceda y que si la predicción es mala, el sacrificio ayudará al consultante a disipar el mal, todo depende de la voluntad y disciplina con que se asuma la ejecución total de la ofrenda. Si cumplimos parcialmente con un sacrificio, el beneficio será también parcial y si nos negamos a realizarlo, no habrá beneficios.  Como parte de su capacitación el sacerdote Ifá debe aprender de memoria el sacrificio que acompaña a cada historia de cada uno de los odu que componen el cuerpo literario de Ifa.  La función psicológica del sacrificio entre los yorubás se tiene en muy alta estima, y aseguran que el sacrificio ayuda a unir tanto a las fuerzas naturales como a las sobrenaturales. La función esencial del sacrificio es lograr que estas fuerzas nunca lleguen a oponerse.

ADDIMÚT: Ofrecimientos de comidas, frutas, dulces u otros objetos, que se le dedica a un Santo u Orisha para que el mismo resuelva nuestra petición o resolución de una situación.
NCHÉ: Obras o trabajos para resolver problemas o situaciones generales. Varía según el santo que se responsabilice del mismo.
EBBO MISIR: Baños con hierbas y otros ingredientes naturales. Despojos, rompimiento espiritual y rogación de cabeza.
Se utiliza para erradicar maleficios de toda índole, espíritus oscuros, enviados u obsesores; también, para despojar a la persona de atrasos en general: Mal de ojo, Malas influencias, Cargas negativas.
Estas actividades las realizan, como mínimo, dos santeros responsables.
EBBO MISIR INDIVIDUAL:
Son recetas para baños (de hierbas).
DESPOJO ESPIRITUAL: Su finalidad es quitar toda influencia negativa, atrasos y perturbaciones espirituales en general. Se realiza con flores preferentemente blancas, colonias, cascarilla, paños blancos, aguardiente, puros, velas etc. Se prepara delante, o al pie de una bóveda espiritual o fundamento religioso. Pueden ser tratadas personas, casas, empresas, tiendas, negocios, coches, etc.
KO BO ERÍ (Rogación de Cabeza): Consiste en refrescar la cabeza de una persona, (sitio donde se asienta su ángel de la guarda).
Se realiza con: Obi (coco seco), ORI , (manteca de cacao), EFUN (cascarilla), OMI (agua fresca) OÑI (miel de abeja), OU (algodón), ITANÁ (vela blanca), ACHO FUN FUN (tela blanca).
Es la manera más idónea para darle conocimiento al ángel de su guarda, de algún refuerzo santoral que recibirá una persona para su adelanto religioso y fortaleza en el plano de la tierra. Esta ceremonia se realiza para solucionar problemas de:
La salud, incoherencias, nerviosismos, intranquilidad y estados de desesperación.

  • Estrés: refrescar, asentar, y fortalecer la cabeza de personas que reciben mucha carga de trabajo profesional, emocional y abatimiento de toda índole.
  • Aumento de conocimiento religioso, espiritual y santoral.
    Esta ceremonia la realiza un santero responsable o BABALAWO según requiera el caso.

CUARALDO o PARALDO: (Exorcismo) Se utiliza para despojar de un espíritu negativo u obsesor, o para salvar a una persona de la muerte.
Esta ceremonia es realizada por un BABALAWO, (sumo sacerdote de IFÁ) para aquellos casos de personas poseídas o influidas por espíritus oscuros, que les hayan sido enviados por brujos, paleros, magos, etc. , lo haya recogido en el camino de su vida, de espíritus que vivieron de forma carnal y marital con el poseído.
Ej. : Matrimonios o noviazgos donde uno de los cónyuges haya fallecido, y el afectado sienta acercamiento del espíritu, de forma variada y hasta sexual.